Selección de los números publicados de la revista postal "Again with the Blues" para disfrute del personal que tenga ganas de disfrutarlos, claro está. No se porqué sale esto así. Seguid: los textos están ahí abajo... Con toda la intención.
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Viernes, 24 de agosto de 2007
No hay resumen. No seáis vagos. Leedlo todo, que para eso está, aunque no tenga sustancia ni contenido alguno. Caramba.
Estaba tranquilo, en mi casa, peleando con el ordenador y la curiosa manía que tienen todos los programas y aparatitos de quedarse colgados cuando les vas cogiendo el truco, arrojando a la nada electrónica los esfuerzos de un par (o cuatro) de horas.
Entonces he visto esta foto. Ahí estaba yo, fumando, sentadito en el saloncito de un hotel en un pueblecillo que me agradaba y cuyo nombre -por motivos desconocidos- me resultaba familiar.
No tenía más preocupación en el mundo que esperar a que dejara de llover un poco. Fumaba en paz.
Ni siquiera -y eso es raro en mí- necesitaba ver el mar porque ese pueblecito cuyo nombre no voy a mencionar tiene más verde del que mis ojos están acostumbrados a ver y mi cerebro a procesar.
¡Coño! ¡vuelvo a la misma historia! ¿es que no está claro que ese, precisamente ese debería ser el estado natural del Ser Humano? ¡Las vacaciones!
Esa paz, ese pensar, ese dejar la mano en el muslo de la persona amada -y que él o ella (tachad lo que no proceda) tenga la suya en vuestra entrepierna-, ese tomarse un cafelito despacio, oyendo llover por una ventana entreabierta, en silencio. Eso ha hecho más por mi salud mental que los veinte kilos de prozac -o los genéricos oportunos- que mi psiquiatra está empeñado en introducir en mi cuerpo por cualquiera de las vías posibles.
Sin embargo, como una limosna, se nos dan unos cuantos días al año, miserables, para que olvidemos las cargas y humillaciones del trabajo diario. Para que olvidemos a todos los mediocres que tenemos por encima, por debajo y a los lados. Para que dediquemos al menos un tercio de cada uno de nuestros días a cosas que ni nos interesan, ni nos enriquecen -y lo que es peor- ni nos divierten.
¡Qué fácil es decir esto!¿verdad?
Lo difícil es decidir qué voy a hacer para que no vuelva a suceder nunca más.
Lo malo es que estoy muy cómodo en mi casita, con mi teclado, con mi comidita, con mi coche, con mi musiquita... estoy muy tranquilo y seguro y me da miedo lo que pueda haber fuera del corral, en la noche oscura donde los lobos aullan. Me da miedo mirar las estrellas. Prefiero un techo sobre mi cabeza y el calor de mi amada.
en definitiva, ninios, ninias y en expectativa de definición de género: que no hago nada.
¿Cómo? ¿que no? Pues ahora y ante vosotros, juro y me comprometo a que antes de dos años estaré cumpliendo mis sueños. Está escrito. Vamos allá.
Nos vemos.
Por: Juan Jesús Amo Ochoa | General | Comentarios (0) | Referencias (0)