Selección de los números publicados de la revista postal "Again with the Blues" para disfrute del personal que tenga ganas de disfrutarlos, claro está. No se porqué sale esto así. Seguid: los textos están ahí abajo... Con toda la intención.
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Jueves, 18 de agosto de 2005
Año 19. 6º Época. Nº 28.
Edición Especial "La Hora de las Brujas".
Again with the Blues.
Año 19. 6º Época.Nº. 28 Agosto 2005. Edición Especial “La Hora de las Brujas”.
“...Después de todo, en eso consiste la vida: amor, deseo y deleite, ¿no vale más todo eso que las peleas angustiosas que persiguen unas metas megalómanas y vagas?...” (H. G. Wells)
“Pero es que, ante un poder como el actual, dotado de capacidad ilimitada para absorber cualquier contestación, no nos quedan mas que estos ínfimos gestos infantiles para seguir creyendo que somos independientes y que no agachamos la cerviz”
(Albert Boadella)
Editorial.
Tenemos el placer de ofreceros de nuevo un número especial. Caracterizado por la virtual ausencia de noticias de interés, sin embargo, esperamos que os resulte ameno e interesante, ya que hemos preparado para vosotros un plato especial: una serie de colaboraciones sorprendentes que, esperamos, os animen a todos a –ya sabéis- colaborar.
Mientras tanto, no podemos dejar pasar la ocasión de desbarrar un poco. En pleno verano, mientras el calor nos azota por todas partes y millones de personas remojamos los pies en el agua salada del mar –agua, por cierto, particularmente calentita y salada, no queremos sospechar nada-, mientras aprovechamos esos días excepcionales en los que no tenemos absolutamente nada que hacer, nos vienen a la cabeza las viejas reflexiones:
¿no es ese exactamente el estado natural de los seres humanos? Dormir, comer, abrazar a nuestras chicas o chicos –tachad lo que no proceda-, leer, pasear, tomar cañitas, nadar, mirar el mar, reirnos, jugar al mus, fornicar como paganos... ¿no debería ser lo cotidiano? ¿no debería ser lo que llenase constantemente nuestras vidas? ¿no debería ser la regla y no la excepción? ¿no debería ser nuestro derecho y no un ridículo premio que nos dan, como a perritos buenos, los grandes poderes que mueven el mundo? ¿no deberíamos poder hacerlo ahora en vez de esperar al más allá de la jubilación?.
Pero nos tememos que se nos olvida que los grandes poderes que mueven al mundo existen porque hemos deseado que así sea. Porque pensamos que es más importante el coche que nuestros hijos. O la carrera que la persona a la que amamos. O porque hemos decidido que vales tanto como tienes. Por eso, fijáos bien, esos mismos poderes que mueven al mundo están creando las condiciones para que, en este periodo “excepcional” , en estas vacaciones, no paréis ni un instante, no encontréis ni un minuto de silencio, saltéis de una actividad a otra, de un ruido a otro, de un parque acuático a una disco y de esta a un chiringuito con la música a tope (a ser posible con unos cuantos decibelios de reggaton), de un monumento a otro o de un deporte de aventura a otro, de un partido de fútbol a un programa del corazón, de un anuncio a otro; para que no os encontréis de pronto en silencio, tranquilos, sin nada que hacer. Porque si eso sucediera –Dios no lo quiera- podríais...podríais...
...coño podríais pensar.
Vosotros mismos.
Exclusiva .
(Redacción. Después dictado y luego problemas).-
Según la tradición oral y todas las biografías apócrifas, parece ser que nuestro archiconocido y famoso filósofo y proctólogo chino, Chuan Che, residió durante los meses de verano en una casita situada en la región de Mia Sau, provincia de Ke-Was-Ka, al norte de China. Más exactamente, en una zona llamada por los nativos “Montaña Encendida”. El hecho de tratarse de una zona volcánica en actividad, situada en medio de un desierto pelado y abrasador, durante los meses de julio y agosto, tuvo sin duda algo que ver con el asombrosamente asequible alquiler que nuestro eximio y embancarrotado sabio pagó por ella, según confirman los recibos hallados en una cueva de la región por la Profesora Irene Elmetro, arqueóloga de la Young University of Paris (Illinois) –YUPI-, especializada en catacumbas, subterráneos y túneles.
El descubrimiento más sensacional, sin embargo, tuvo lugar cuando, seis años más tarde, alguien tuvo la brillante idea de darle la vuelta a los mencionados recibos para ver si tenían algo escrito al otro lado. Resultó que sí. Manuscritos por la propia mano de nuestro filósofo, de su puño y letra, aparecieron unas cuantas líneas de texto escritas a mano. El Doctor Ramón Tañés, célebre alpinista, logró traducir e identificar el texto como perteneciente a una obra de Chuan Che de la que se creía perdido todo vestigio y cuya existencia se conocía únicamente a través de una referencia a la misma que aparecía en la revista Journal of Abnormal Psychiatry en la que se la tildaba de “desatino”, “sarta de estupideces” y “paparruchas”, poniendo a su autor como “oligofrénico de libro, oiga”.
El caso es que, sin más preámbulo, una vez más y adelantándose a cualquiera interesado en publicar cosas de Chuan Che, si es que hay alguien, nuestra revista ha obtenido para vosotros y os ofrece en rigurosa exclusiva dichos fragmentos, que nos dan una idea aproximada de lo bien que se lo pasó nuestro filósofo aquel verano de los coj... de marras:
Aforismos de la Montaña Encendida
de Chuan Che.
O una exploración sobre la matemática de la vida cotidiana.
- Existe una relación inversa entre la calidad de la música que uno escucha y el deseo de imponerla a los demás.
- Existe una relación inversa entre el volumen del equipo de sonido de un coche y la horterez de lo que suena en él.
- Existe una relación inversa entre el nivel de petardeo de una moto, medido en decibelios, y el nivel de inteligencia del conductor, se mida como se mida.
- Existe una relación directa entre el uso del casco y el contenido del cráneo que hay que proteger.
- La probabilidad de obras en tu calle aumenta progresivamente con la temperatura del aire.
- La probabilidad de que en las obras mencionadas se emplee un compresor y un taladro neumático se acerca a 1 durante la hora de la siesta.
- La probabilidad de que el perro del vecino ladre histéricamente también se aproxima a 1 durante la hora de la siesta.
- Hay una relación inversa entre el sueño que tengas y las ganas del niño del vecino de jugar a la pelota dentro de casa.
- Los anuncios estrepitosos siempre esperarán a que te hayas quedado traspuesto durante la película de la tarde, o lo que es equivalente, existe una relación directa entre el sueño que tengas y la probabilidad de aparición de eventos que te despierten.
- Existe una relación estadísticamente significativa entre el silencio bochornoso de una tarde de verano a eso de las cuatro y las ganas irrefrenables de pasearse a toda leche en moto sin silenciador que sienten algunos de los individuos anteriormente mencionados que no llevan casco porque no tienen nada dentro del cráneo que merezca la pena proteger.
Que es lo que queríamos demostrar.
Sociedad.
(París, esto es “tenéis hijos a la manera de las especies mamíferas”).-
El pasado jueves tuvo lugar la presentación de la última colección de los diseñadores Philippe Atán y D’art Gagnán en la pasarela Cibelez no conduzcas. En esta ocasión, con un enorme despliegue de musiquillas, luces policolores y despampanantes mozas y mozos en diversos estados de desnudez, los afamados diseñadores lanzaron a los asistentes al evento el mensaje “la pústula es bella”. El acto, pleno de brillantez, se vió apenas deslucido cuando la Princesa de Roquefort con Almendras tuvo un momento de desmayo al recibir sobre el rostro las salpicaduras del purulento líquido que una de las modelos exudaba por las diversas llagas que adornaban sus, por lo demás, flácidas nalgas. Casi todos las personalidades invitadas al evento coincidieron en el acierto que supusieron las campanillas con las que cada uno de los modelos presentados anunciaban su presencia, de manera que las personas decentes pudieran ponerse despaldas para no ofender sus delicadas sensibilidades con el siempre fascinante espectáculo de la miseria ajena. Lady Priscilla Flushinghorne-Powell y Lady Winifred Butt-on-the-grass, elegantes momias ataviadas con modelitos de piel de ballena, promotoras de la plataforma “No solo el 7%. Hay que esconderlos a todos ¡ya!” organizadora del sarao, se mostraron muy satisfechas al final del mismo. “Gracias a lo recaudado hoy y a las amables donaciones de nuestros amigos y amigas, el próximo verano, en nuestro palacete en Isla Mauricio, podremos organizar la cena de gala que nos permitirá recaudar lo necesario para la compra de sémola, fideos y esas guarrerías que comen los pobres durante el invierno en los barrios marginales de nuestra hermosa capital”.
Rincón Literario.
Bueno, niños y niñas, deberíamos ponernos cabezones e insistir en lo obvio, deberíamos alzar la voz y llamaos la atención a vosotros, miembros y miembras de un selecto y atormentado club de lectores desde hace muchos años. Pero no lo vamos a hacer. Sí que os diremos que, después de muchos años de vocear y reclamaros vuestras espontáneas colaboraciones, con mayor o menor éxito, nos complace hoy dar a conocer por primera vez los trabajos de un pequeño grupo de colaboradores y colaboradoras.
No. No sois ninguno de vosotros.
Sus edades son mayoritariamente inferiores a los doce años de edad. Han respondido a la llamada y, aquí, tal cual se prometió en su momento, están, para vuestro deleite, los resultados de sus trabajos.
Apagad las luces, encended las velas, refugiaos en vuestros sillones favoritos, sin dar la espalda a la puerta porque, para vosotros, Again with the Blues tiene el placer de presentaros los relatos finalistas del 1º Certámen Internacional de Cuentos de Horror “La Hora de las Brujas”, organizado por los diminutos miembros y miembras del Club de la Medianoche, entidad sin ánimo de lucro cuyo única finalidad es la de despertar la pasión por los cuentos...
...Esperamos que os gusten y que, visto el ejemplo que os dan los más pequeños (vergüenza os tenía que dar), os animéis a presentar esas colaboraciones que tenéis escondidas en los recovecos, estantes y cajones de vuestras propias mentes...
Preparaos.
Como primer plato, os recomendamos el disfrute de esta pequeña fábula, que merece una lectura detallada. Encontraréis en ella elementos y detalles que entroncan directamente con la más antigua tradición de los cuentos de horror clásicos, junto con guiños al más puro estilo “gore”. La autora, M. A. , cuenta en la actualidad con diez años.
EL CLUB DE LA MUERTE
“Esto le ocurrió al amigo de un amigo mío. Una mañana estaba andando por el pasillo del colegio, cuando se encontró una nota en el suelo. Cuando leyó la nota, decidió dejar de andar y quedarse sentado en el suelo pensando sobre lo que había leído. En ese momento, lo que había escrito la nota se deslizaba por el suelo de forma que todo lo que le impedía el paso era destruido al instante. El chico empezó a preguntarse qué era eso y qué hacía en un colegio. Mientras pensaba sobre esa cosa, una chica muy guapa se le quedó mirando con cara de interesarse por él y le dijo:
-¿Qué te sucede?, tienes mala cara.
Él le respondió:
-Me he encontrado una nota en el suelo.
En ese momento la cosa que se arrastraba empezó a acercarse a las piernas de la chica, el chico vió la cosa deslizarse y enredarse en las frágiles sandalias de la chica.
Ella miró al chico a la cara, vió que estaba mirándole los pies y ella, entonces miró sus pies y vió a la cosa enroscándose poco a poco en ellos. Empezó a chillar y entonces él se fue corriendo detrás de un armario. Desde allí observó cómo la chica estaba muriéndose lentamente.
Se hizo de noche y cerraron las puertas del colegio. Al chico se le había pasado el tiempo sufriendo y tuvo que pasar la noche allí. Se buscó un sitio para dormir en su aula, se colocó un par de mesas y unos cuantos abrigos que se habían olvidado otros niños. No podía dormir por el miedo a que él fuese el siguiente muerto.
Echaba de menos a la chica, se arrepentía de haberla dejado así, le daba muchísima pena.
Había muchísimo silencio, le parecía que alguien le observaba.
De pronto apareció desde las sombras la figura muerta de la chica que había conocido esa misma tarde. Parecía que le decía algo de mucha importanca..
Su cara era muy pálida y su ropa estaba rota.
El chico asombrado, le pregunto:
-¿Qué te ha sucedido?, tu ropa esta rota y tu cara es mas blanca que la nieve.
La chica le respondió:
-Porque dejaste que esa cosa repugnante me matase.Pero no te preocupes porque te perdono.Además tengo una cosa mas importante que decirte.
-¿Qué es?
Preguntó el chico.
-Es que la cosa seguirá matando a cada vez más gente y cada vez lo veran más personas y las personas que lo vean serán las siguientes en morir. Ahora tengo que hacerte una pregunta yo. ¿Qué ponía en la nota?
-En la nota ponía algo sobre un club de la muerte o algo así y de que había que formarlo o sino moriría mucha gente. Yo no me lo creo.
-Pues yo sí, sino yo no habría muerto.
Dijo la chica.
-Entonces deberíamos crear el club, aunque somos muy pocos miembros.
-En eso no hay problema, tú háblalo con unos pocos compañeros y yo buscare el lugar de reuniones.
Mientras ellos hablaban, la cosa les estaba escuchando sigilosa, esperando el momento para atacar al siguiente, que era él, porque había visto morir a la chica.
Al cabo de un rato el chico se quedó dormido y la chica estuvo toda la noche vigilando, por si la cosa atacaba. Necesitaban que no se muriese, porque tenía que conseguir miembros para el club.
Al día siguiente, cuando abrieron el colegio, como el chico había pasado allí la noche, le castigaron sin recreo con bastantes niños más y él aprovechó para conseguir miembros para el club. Aceptaron dos niñas llamadas Alba y Clara, y un niño llamado Roberto. Estaban muy nerviosos, porque era cuestión de vida o muerte, aunque Clara creía que era mas cuestión de muerte.
La chica había estado buscando muchos sitios, pero al final eligió un lugar oculto dentro de un arbol seco. Lo arregló mucho hasta que quedó fenomenal.
La cosa estaba esperando hasta la noche, planeando lenta y cruelmente su estrategia, para matarlos a todos. La cosa era repugnante, se podía transformar en muchas cosas repugnantes y asquerosas. Se arrastraba y siempre ataca por los pies.
Mientras tanto pasaban las horas y el colegio se acabó por ese día. Los chicos y las chicas salieron corriendo hacia sus casas, dejaron las mochilas y se reunieron con los demás en el parque. Esperaron al fantasma de la chica y ella les indicó el lugar.Cuando llegaron allí empezaron a hablar sobre qué harían en el futuro con el club y los que acababan de llegar les preguntaban que cómo fue su muerte y que cómo se conocieron... Lo unico que se les olvidó fue la cosa, que les estaba observando.
El chico les dijo:
-El siguiente en morir seré yo y espero que no estéis cerca.
Alba dijo muy segura:
-Yo creo que todos debemos morir, somos el club de la muerte, ¿no?
Continuó la conversación Roberto:
-Debería ser como dice Alba.
-Hacemos el club, para que no muera más gente, este chico se encontró una nota y decía que sino hacíamos el club iba a morir mucha gente, yo fui la primera.
Dijo la chica.
Clara, que escuchaba atentamente, dijo con miedo:
-Pero...¿ y si no funciona hasta que nos mate a todos?,¿ y si la cosa nos sigue observando?.
La cosa empezó a arrastrarse hacía ellos y todos sintieron un escalofrío en la espalda. Sentían mucho miedo. La cosa estaba muy cerca del chico y él sentía su muerte muy cerca. Les dijo a todos que corriesen, pero ya era demasiado tarde: la cosa los tenía atrapados a todos. Decidió matarlos poco a poco y el primero sería el chico.
Todos estaban atrapados, la cosa ya estaba matándolo.
Clara se tapó los ojos para no ver su muerte. Alba la vió con los ojos tapados y decidió tapárselos también, pero ya era demasiado tarde: el chico ya había muerto y ellos lo habían visto. La cosa intentó matar a Clara, pero algo lo impedía. Era como si tuviese un escudo. Entonces fue a por Roberto y Alba se tapó los ojos. Despues Clara y Alba salieron corriendo de allí, la cosa tambien y pilló a Alba. Le costó mucho, pero se escapó. La cosa le había arrancado un dedo del pie, para ser mas exactos el meñique.
Clara se subió a un árbol cercano y Alba intentó escapar. Corrió todo lo deprisa que pudo y muchísimo más. Logró subirse al mismo árbol que Clara y entonces la cosa intentó trepar, pero al no poder hacerlo comenzó a comerse el tronco del árbol. Alba y Clara, asustadísimas, empezaron a mover el árbol hacia la cosa, para que se le cayese encima. Pero la cosa ya había roto el tronco y el árbol cayó lejos de la cosa.
Ellas corrieron. La cosa agarró fuertemente con su mandíbula a Alba y le arrancó una pierna. Alba ya no se podía mover y la cosa la fue matando poco a poco. Clara no soportó mirar a su amiga.
Despues de matar a Alba la cosa fue a por ella y la agarró, la fue descuartizando y finalmente acabó con ella.
Desde entonces hay una leyenda que dice que los cinco fantasmas se reunen todas las noches en sitios diferentes cada vez.”
Quisiéramos presentaros a continuación una pequeña delicatessen. Su autora, C.V.L., de once años de edad, nos traslada a una ingeniosa mezcla de novela negra y elementos procedentes de la mejor tradición del cuento fantástico. No cabe duda de que, si leéis atentamente, disfrutaréis del talento de esta joven artista
-LA FANTÁSTICA MANSIÓN-
“Había una vez un hombre llamado Parker, James Parker.
Era un hombre de aproximadamente cincuenta años, aunque nadie sabía si tenía más o menos, porque nunca decía su edad. Bajito, de ojos azules y pelo canoso. Alrededor de sus pequeños ojos tenía unas gafas alargadas que estaban un poco rotas, pero como era muy ahorrativo, cada vez que alguien le decía algo como: -cambiate las gafas- o -menudas gafas llevas-, él contestaba: -Nada que no se pueda arreglar con un poco de celo.
Solía vestir con pantalones largos y chaqueta de pana. Antes solía ir acompañado de su perro Cookie, pero desde que murió atropellado por un enorme camión de Coca-Cola, el hombre ha perdido su sentido del humor y casi nunca se ríe.
Trabaja de policía en una empresa de París, aunque el hombre nació en Los Ángeles. Vive en un apartamento solo, que ni siquiera ha pagado del todo.
Bueno, pues una mañana como muchas otras se tomó un café caliente y salió a trabajar montado en su querida bici de color rojo pasión. Al llegar a su trabajo subió siete pisos andando (pues no había ascensor) y se sentó en su silla de madera. Aburrido en su mesa recordaba tantas y tantas aventuras que había vivido cuando era joven. Pero ese día iba a dejar de soñar despierto para vivir una de verdad. “Ring-ring” su teléfono empezó a sonar y rápidamente lo cogió, rezando que fuera una aventura o un trabajo en serio.
El hombre que había llamado se llamaba John Mil y parecía estar preocupado. Quería que investigara una extraña mansión gigantesca y que le contara todo lo que pudiera averiguar. Nuestro amigo James Parker aceptó y al colgar el teléfono salió de su aburrido despacho y se fue a su casa para coger su cuaderno donde apuntaba todo lo que había hecho a lo largo de su carrera, y se dispuso para coger su bici y dirigirse hacia aquella “fantástica mansión”.
Llevaba ya casi dos horas pedaleando, cuando se paró abrumado al ver aquella gigantesca casa, casi con el tejado caído, el jardín lleno de malas hierbas y un cartel enorme que ponía CUIDADO.
Dejó la bici apoyada en un árbol y se dirigió a la puerta. Entró en la casa, la cual por dentro estaba aún peor, llena de telarañas y ratas.
Después de mucho, mucho buscar llegó al sótano donde había un gran cofre.
Justo cuando lo iba a abrir, cuando sentía que estaba a punto de cumplir con su trabajo y decirle a John Mil que todo había salido correctamente como él pensaba, empezó a sentir un miedo escalofriante. La única vela que le podía alumbrar se apagó, por el ruido de los truenos de la tormenta y por el ruido del reloj de cuerda que señalaba las doce.
Una mano le tocó por detrás. Se dio la vuelta y un hombre vestido de negro le clavó un puñal en el corazón diciendo: -¡¡¡Nadie entra en mi casa!!!-
James Parker estaba muerto.
Ya no podría ir a contarle a John Mil su victoria, pues él era otra de las víctimas de aquel lugar. Lo único que quedó de él fue su bici que había adquirido un color negro muy oscuro.
Aún no hay nadie que haya salido de LA FANTÁSTICA MANSIÓN.”
Permitidnos ahora que, a modo de entremés, os ofrezcamos una joya de difícil clasificación. Su autor, J. J. A. C., de ocho años de edad, nos traslada a un mundo paradójico, kafkiano, onírico, embargado de una belleza poética abrumadora. Como en la mejor tradición del cuento oriental, del koan zen, la realidad, el mundo cuerdo en el que nos movemos los adultos, salta en pedazos y se abre a profundos abismos de irracionalidad y locura. Esperamos que os guste tanto como nos ha gustado a nosotros...
DRAGÓN
“Érase una vez un Dragón que estaba dibujado en una carta con una maldición y daba mucho horror y miedo.
También tenía un hechizo: esa carta era indestructible y daba tanto miedo que había matado a gente, y a la gente que no la mata la vuelve loca y hace que la encierren en manicomios especiales.
El Dragón, en vez de echar fuego, echaba lava y electricidad.
El Dragón era muy extraño y sospechoso.
El Dragón era de color rosa y azul con los ojos morados y las alas gigantes”.
Mooola, ¿no?. Pues no os retiréis, que ahora os vamos a ofrecer la colaboración de una de nuestras más recientes lectoras. No os diremos su edad, pues es de mala educación, pero sí que os dejaremos disfrutar con su trabajo. Basado en hechos reales, aunque los nombres han sido cambiados, este relato nos demuestra que, en materia de horror, la realidad, muchas veces, supera a cualquier ficción.
ESTO NO ES UN CUENTO DE MIEDO.
“Mis queridos hermanos y hermanas, amigos y amigas:
En esta noche oscura, he decidido, a la luz de un candil que produce sombras misteriosas en las paredes de mi habitación, contar mi historia. Mi verdadera historia y no la que se escucha por ahí sobre mi liberación.
Lo hago en este momento, después de haberlo meditado mucho y después de saber de mi médico personal que voy a morir de manera inmediata de un mal que me está destrozando la garganta y que me impedirá hablar y cantar muy pronto, por desgracia, ya que cantar es un placer para mí.
Pues bien, yo, Ana Evans, nacida en Francia en el año del Señor de 1235, me dirijo a quien quiera escuchar esta historia, para declarar que fui encerrada por mis creencias religiosas en la torre de la Abadía de Montmajour durante treinta años desde que, recién cumplidos los doce, vinieron a mi casa unos soldados y apresaron a toda mi familia cumpliendo órdenes del muy católico Rey de Francia Juan II, que en aquel momento dominaba en la región auxiliado por los señores nobles de la Provenza...
...Llegaron con las más terribles armas y, con gritos que me taladraron los oídos, nos sacaron a golpes de nuestra casa en una noche en la que la luna llena reinaba en el silencio.
Mi propio padre, ensangrentada la cara, no se recuperó del primer golpe que le dio uno de los soldados y no se levantó del suelo. Jamás supe si sobrevivió y escapó o murió quizá engullido por las ratas que a duras penas vivían alrededor de nuestra querida y humilde casa de barro y piedra. Mi hermana, mi madre y yo, asustadas, nos abrazamos. Con los ojos cerrados, no pude ver como quemaban nuestro hogar. Me lo dijo mi querida madre cuando, ya encerradas en la torre, nos percatamos de la gravedad de nuestra situación.
Una vez allí, rezamos por nuestra vida todos los días. Mi hermana, quizá presa de la melancolía, murió entre aquellas paredes de piedra frías y plagadas de gusanos a los pocos meses de llegar a la torre. Sin la luz del sol, sin apenas comida y bebiendo agua sucia, era difícil sobrevivir. Escapar, imposible. Más de cien metros nos separaban del suelo. Golpear con los puños y sin descanso la única y pesada puerta por la que se accedía al torreón era una tarea inútil y, al cabo del tiempo, me cansé de chillarles que nos dejaran salir en el nombre de Dios.
Los soldados nos vigilaban contínuamente a pesar de ser unas indefensas mujeres desprotegidas y asustadas, que jamás hubiéramos pensado siquiera en hacerles cualquier tipo de daño. Por dos razones fundamentales: la primera, por nuestras profundas convicciones religiosas, la segunda, porque nosotras bien sabíamos que aquellos soldados eran pobres vasallos de su señor, que a duras penas comían con el salario que éste les daba y no nos tenían ningún tipo de resentimiento.
Muerta mi hermana fui presa durante un tiempo de dudas y hasta llegué a pensar en renegar de mi religión para que mi madre y yo pudiésemos volver a nuestro hogar y empezar una nueva vida juntas ya que era ésta, nuestra religión, que llamaban protestante, la causante de nuestro cautiverio. Con tan corta edad como tenía en aquel momento, los pensamientos y las ideas son inestables. Mi pobre madre tuvo gran paciencia conmigo y en ningún momento descuidó su papel ejemplar de persona de gran religiosidad. Me enseñó que los principios morales de las personas están por encima de la cobardía, y su defensa ante todas las cosas es de personas de gran valor. Una religión que, si bien ha sido ya extendida por todos los Países Bajos y el centro de Europa, fue perseguida por manifestar criterios diferentes a los de la Iglesia Católica Romana. Por ello todos los días orábamos con Dios y le dábamos gracias por seguir juntas y vivas, aunque aquella era una existencia traumática, fría, sin luz, sin apenas comida... Confieso que mi infancia feliz se iba desvaneciendo poco a poco. Olvidé mis años anteriores en la campiña con mis amigas de juegos y mis amados padres y me encerré en mí misma.
La única distracción que tenía era, en los ratos en que sentía que la desesperación d eno poder salir de aquel lugar día tras día iba a vencerme, esculpir palabras sueltas en las grandes piedras del torreón: mi nombre, la fecha de mi cautiverio, el nombre de Dios...
Así fue como pasaron los días, los meses, los años...
Encerradas allí, apenas vigiladas por unos soldados envejecidos y tristes, la desesperación se convirtió en abandono y dejamos de tener esperanza en nuestras oraciones. Quizá el buen Dios quería castigarnos por alguna mala conducta. Debíamos entonces sufrir en silencio en aquel lugar inexpugnable. Ya no teníamos miedo. Los días se sucedían y las estaciones del año también. El frío de aquel entonces era insoportable. Pasabamos las noches abrazadas la una a la otra tumbadas sobre la fría roca intentando que no se congelaran nuestros pies.
Así pasaron tantos días que se acumularon los años.
Mi cuerpo cambió y el de mi pobre madre también. Ella se llenó de arrugas. A mí me creció el pecho y supe lo que era hacerse mujer en tan horribles circunstancias.
Os preguntaréis en qué terminó esta nuestra historia, ya que no la estoy escribiendo en aquella terrible torre de la Abadía de Montmajour, sino aquí, en mi humilde casa, después de treinta años de cautiverio y envejecida por el sufrimiento.
Debía ser verano, porque mi madre y yo, en aquella maldita torre, dormíamos sin pasar frío y la luz que pasaba por los huecos de las piedras se alargaba durante más tiempo en el día. En la madrugada, sin saber qué pasaba, los gritos de los hombres nos despertaron.
Al principio chillaban con ira, con rabia. Por ello adivinamos que bajo los pies del torreón se había desencadenado una gran batalla. Horas y horas escuchamos aquellos gritos, ruidos de metales, que serían lanzas y piedras golpeándose y clavándose en cuerpos de soldados, padres, mujeres y quizá niños. Sufrimos mucho al escucharlos, golpeamos la puerta con los puños hasta que se nos ensangrentaron y pedimos auxilio. Pero era inútil. La crueldad y la violencia de los hombres los vuelve sordos. La pelea se mantuvo intermitente pero se alargó durante tres días. Tres días sin dormir, sin comer, ya que los soldados que nos vigilaban y nos traían la comida estarían luchando; exhaustas, sin saber si a nosotras nos había llegado también la hora de la muerte o nos sacarían de allí.
Caí rendida en un rincón, tapándome la cabeza con mis propias ropas y cansada de escuchar aquellos gritos que poco a poco se habían convertido en lamentos, en llantos desconsolados. Las armas parecían haber callado, pero el dolor estaba fuera de aquellas paredes.
Recuerdo con gran emoción y susto ver, entre sueños, la puerta abierta de nuestra torre.
Vacía, sin soldados que la defendieran.
Ante el asombro y la incredulidad me levanté de aquel rincón y corrí a despertar a mi madre que yacía en el suelo. Inútilmente lo intenté. Estaba muerta. Una daga afilada le había penetrado en el pecho. Alguien la mató mientras dormía, cruelmente.
Me afané por devolverla a la vida entre mis brazos, llamándola por su nombre y besándole en la cara, pero yo sabía que era inútil. Lloré por ella durante horas y pedí auxilio pero no sirvió para nada.
Sin fuerzas para levantarme, me quedé con ella mucho rato, mirando su rostro deshecho por el sufrimiento pero lleno de valor y fe en Dios y el dolor me rebosó el corazón.
Al llegar la noche, besé por última vez a mi querida madre, dejé su cuerpo tumbado en el frío suelo con las manos unidas y atravesé aquella puerta abierta que anunciaba mi liberación después de treinta años. El susto que tenía era tan grande que apenas podía caminar y los dientes me rechinaban los unos contra otros. No decaí. Bajé un infinito de peldaños de aquella escalera de caracol que vi por primera vez cuando apenas tenía los doce años, tropezando en muchas ocasiones, ya que la luz no me permitía ver con claridad. Mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad. Mis fuerzas me abandonaron cuando llegué al final de la escalera y me desvanecí en el suelo.
Cuando desperté parecía de noche y, a tientas, intentando recordar qué pesadilla real estaba viviendo, caminé por corredores y pasillos sin rumbo, sin saber dónde estaba, perdida. Las sombras de la noche me asustaban, pero sobre todo me sobrecogía el silencio, un silencio que parecía ser aliado de la muerte. Yo me defendí pidiéndole a Dios que se apiadara de mí, que me ayudara, que apartase de mí al demonio que me perseguía y llamaba por aquellos infinitos laberintos. Laberintos que no parecían llegar a ninguna parte.
Presa del pánico me arrodillé con los brazos en cruz tal y como murió Nuestro Señor Jesucristo dispuesta a que me arrancaran el alma y me despellejaran.
¡Mi señora! creí escuchar. Un niño parecía llamarme al final de aquel pasillo. Se acercaba con lentitud, paso a paso, con la mirada fija sobre mí.
Pregunté -¿eres Satán? ¿Has venido a claverme también a mí una daga en el pecho, como a mi madre?. Pero no contestaba. Sólo se acercaba cada vez más a mí, con paso lento y los ojos muy abiertos, sin pestañear.
Cuando su pie rozó mis vestiduras, se inclinó sobre mí hasta que sentí su respiración en mi oreja y me susurró -¿es usted Doña Ana Evans?.
–Creo que sí – dije yo.
Y me tendió la mano con actitud de ayudarme. Me levanté y le seguí.
–Todos han muerto – dijo – mire-.
Salimos fuera. El horizonte estaba lleno de muertos, sangre y ratas. A duras penas pudimos huir de aquel espectáculo en que pisábamos cadáveres o lanzas abandonadas. El hedor era insoportable, la respiración se hacía difícil.
–Fueron los sarracenos. Usted se salvó por que ya estaba encerrada en la torre. Mi madre habló de las mujeres presas durante años a causa de su religión maldita...-.
-Dios mío – dije – que pesadilla-.
Desde el momento en que, como pude, llegué a este lugar, una aldea de la floreciente Carcasona, pensé en redactar mi historia, pero los soldados sarracenos difundieron la calumnia de que la Abadía había sido vencida sin supervivientes y temí que vinieran a buscarme. Y he guardado silencio durante muchos años. Ahora, ya en mi vejez, me permito expresar mi amargura y mis recuerdos para memoria de unas mujeres religiosas que agotaron sus vidas en aquella torre. Quizá, aún pueda leerse en algún rincón, esculpidas en la roca, las palabras -Ana Evans, año 1235, etc...-”
Finalmente, a modo de postre de la casa, entregamos para vuestro solaz una última pieza, un divertimento. Nuestro último participante nos llevará de la mano hacia un tema que enraiza con la mejor tradición de los cuentos de campamento. Sí, niños y niñas, esos que se cuentan en la oscuridad, a la luz de una hoguera, rodeado por los ojos dilatados de los oyentes. Ojos que disfrutan del relato, que disfrutan del miedo, de la entrada imprevista del horror en los paisajes normales y cotidianos. Ese, no otro, es el fin último del Club de la Medianoche... Imaginad, mientras leéis que vosotros sois los protagonistas, que una voz lóbrega, ronca, susurrante está narrando para vosotros esta historia. Y pasáoslo bien...
LOS GRANDES ALMACENES.
“En parte, todo lo que sucedió fue culpa de una apuesta estúpida.
-No te atreves –dijo Camino.
-Claro que me atrevo – dijo Juan
-No te atreves – se burló Marta
-Claro que sí. Además, vosotras tampoco- respondió Juan.
Juan era moreno. Marta era su hermana. Camino era alta para su edad.
-Además –dijo – si los padres se enteran nos la vamos a cargar pero bien-
El caso es que se atrevieron.
Grave error.
Claro está que ellos no podían saberlo entonces. Lo averiguaron mucho después, cuando ya era demasiado tarde.
No se sabe bien cómo engañaron a sus padres y ya no queda nadie que nos lo pueda contar, pero lo cierto es que, cerca de las nueve, con las rodillas temblando y mariposas en el estómago se encontraron en la puerta de los Almacenes Navarro.
-Que sí- decía Camino –que este sitio es muy, muy raro: siempre está abierto y casi nunca entra nadie-. Camino era de Albacete, así que sabía mucho de esas cosas.
-Tenemos que pasar de uno en uno, si no se van a dar cuenta de que entramos- dijo Marta.- Pasa tu primero, Camino-
-¿yooooo? ¡Que pase primero Juan!...¡y nos esperas en los probadores!-
Juan, que era muy listo, aprovechó para colarse cuando pasaba una señora. La dependienta que los vió entrar, pensó probablemente que eran una madre y su hijo. Luego siguió leyendo con aire aburrido la revista.
Con aire inocente, caminó despacito hacia los probadores y se escondió dentro. Nadie lo vio.
Nadie volvió a verlo.
Al cabo de un rato, Marta y Camino, juntas, se reunieron con él.
-¡nos ha visto!-decía Camino.
-Que nooo, que nooo- decía Marta, que tenía la cara muy blanca. Miraron por la rendija de la cortina. Nadie les había visto.
Nadie les volvió a ver.
-Bueno-dijo Juan-¿dónde nos vamos a esconder para pasar la noche?-Le costaba mucho estarse quieto y callado, todo el rato movía los pies y si no fuera porque tenía miedo de que los pillaran, Camino le habría gritado que parara de una vez.
Juan se aburría.
-¿Ves como sí que me atrevía?- dijo al cabo de un rato.
Camino hizo como que no le había oído.
Pasó el tiempo.
-Jopé, me aburro-dijo Juan.
La noche parecía enormemente larga, aburrida e incómoda. Por otro lado, no dejaba de pensar en que su padre se iba a enfadar mucho si no aparecían en toda la noche.
-¿Y si nos vamos a casa ya?- Dijo Marta, poniendo en claro lo que los tres pensaban.
-¡¡vale!!-
Disimulando, con cara de no haber roto nunca un plato, salieron de los probadores y caminaron despacito hacia las grandes puertas de cristal. No había ninguna dependienta. La enorme tienda parecía un poco oscura y silenciosa. De la calle no llegaban apenas ruidos. Las puertas estaban cerradas.
Las puertas estaban cerradas.
De pronto se había hecho de noche y las puertas estaban cerradas.
Se miraron, blancos como el papel.
-¿Y ahora qué hacemos?-dijo Camino
-¡vamos a gritar pidiendo que nos abran!- dijo Marta
-Pero entonces van a decir que hemos entrado a robar- dijo Juan.
-Yo me quiero ir, yo me quiero ir, yo me quiero ir- comenzó a lloriquear Camino.
-Joooo. Ya verás papá- comenzó a temblar Juan.
Marta no dijo nada. Tenía un enorme nudo en la boca del estómago.
- Esto es por culpa tuya- le dijo Camino a Juan.
-No, es por tu culpa. Yo no quería haber venido pero tú me has hecho venir. Se lo voy a decir a tu madre-
-¡¡Callaros!!-gritó Marta. Y señaló con el dedo –ahí hay alguien-.
Blancos como la tiza los tres se agacharon entre las sombras, callados como muertos. Al final de la moqueta del pasillo, roja como la sangre, unas figuras altas parecían observarles.
-No se mueven- susurró Juan.
-Sí se mueven- dijo Camino.
-No se pueden mover, son maniquíes- dijo Marta.
Lo que no dijo es que a ella le parecía que, unos minutos antes, aquellos maniquíes no estaban allí. Eran cinco: tres chicas y dos niños. Tenían caras blancas, sin expresión y vestidos un poco pasados de moda. Toda la tienda estaba llena de muñecos iguales.
-¿venís conmigo allí donde tienen cosas deportivas a por unas linternas y unas navajas? -dijo Juan.
- Halaaa- dijo Camino – eso es robar-
-No, no es robar- dijo Juan – y además ¿qué?. A lo mejor con las linternas podemos hacer señales a la calle para que nos ayuden a salir-
-A lo mejor viene la policía y nos mete en la carcel por ladrones- se burló Camino.
-Yo no quiero estar a oscuras- dijo Marta.
Así que los tres se dieron la mano y se alejaron de las puertas por el estrecho pasillo. Sus pasos susurraban en el aire silencioso, resonando como si alguien siguiese sigiloso sus movimientos. Ssssssuisss, ssssssuisss, sssssssuisss, sssssssuiss.
En la sección de deportes, los mostradores de cristal, llenos de navajas, machetes y linternas, estaban cerrados con llave.
Algo hizo un ruido seco detrás de ellos, que sonó como una puerta cerrándose.
-¡ay mierda, ahí hay alguien! – dijo Marta.
Se quedaron con las bocas secas y las gargantas tan apretadas que apenas podían susurrar. Por alguna razón, ese alguien que les seguía no parecía alguien que tuviese intención de ayudarlos.
-¡aaay mierda!- dijo Camino- son los maniquíes-.
-Nooo- dijo Juan.
Siete figuras oscuras estaban ahora en el pasillo por el que ellos acababan de pasar, cerrándoles el paso. Tres chicas, dos niños, dos hombres con bigotes falsos, caras como de muerto y ropas viejas, polvorientas y apolilladas que olían como a tierra fresca. Estaban muy, muy quietos. Sus manos de cartón, de dedos largos y afilados, colgaban muertas de sus brazos.
-Yo rompo un cristal y cojo un machete- dijo Juan.
Nueve figuras altas y oscuras le miraban con sus ojos pintados desde la sección de deportes. Formaban un círculo casi perfecto, rodeándoles.
-Son maniquíes- dijo Marta. –no se pueden mover-
Estaba ¡¡¡¡equivocada.!!!!
Varias horas después, cuando salió el sol, Juan y Aurora, los padres de los infortunados chiquillos paseaban por la calle.
-¿Crees que los chicos estarán bien?- preguntó Juan.
-Sí, seguro que sí- dijo Aurora –ahora sí que están tranquilos ¿verdad?-
-Han quedado preciosos- dijo Juan –Mira que bonito peinado le han hecho a Camino-
-Ya era hora de que se arreglase el pelo- dijo Aurora
Juntos, se alejaron del escaparate.”
Buenooo, esperamos que hayáis disfrutado como locos de nuestro menú especial. Esperamos que hayáis perdido el miedo y que en próximos banquetes, algunos de los platos que sirvamos lleven vuestra firma, al menos la firma de algunos de vosotros, atormentados durante años sin que hayamos visto ni una sola línea de vuestras plumas.
Nos vemos pronto, niños y niñas, estád atentos a vuestros buzones...
ANUNCIOS.
Para anunciaros en esta sección, recordad, enviad una carta con vuestros datos personales, vuestros números de cuenta corriente, los códigos secretos de vuestras tarjetas de crédito y varias hojas en blanco con vuestra firma a la siguiente dirección:
-Asociación Española de Cacos. Att: Sr. Ricard Terista. Camino del Trullo s/n 00023-Cwen-Caïrn. No olvidéis incluir un par de fotocopias de vuestros DNI.
(Eso era un anuncio, que quede claro. No tiene nada que ver con nuestra revista. Para anunciaros en nuestra revista, recordad, debéis de mandar el anuncio escrito en tinta fucsia sobre pergamino de lechón nonato escrito a la luz de una vela negra a las doce de la noche del Equinoccio Vernal. El anuncio ha de contener las palabras “aspiradora”, “botijo”, “mórbido” e “intrínseco”. Se valorará especialmente que esté compuesto en endecasílabos yámbicos.)
- Vendo coche. También lo escayolo en función de sus lesiones. Ref. ATS cordón que se lo va a pisar.
- Empresa de trabajo temporal precisa urgentemente donantes de órganos internos para depravación. Ref. Iván Piro.
- Empresa de trabajo temporal precisa urgentemente presidentes y cargos directivos para compañías multinacionales petroleras, imperios informáticos y operadoras de telefonía. Interesados abstenerse. Ref. Fermín Genuos.
- Payaso con empleo estable busca humorista para relación seria. Ref. 1000 y KI.
- No os riáis. En serio. Payaso y humorista para relación seria. ¿Tengo yo la culpa de que suene a chiste?.
- Joder, que no os riáis.
- Oye, Gabi, que estos se siguen riendo de mí...
Hasta nuestro próximo número, amiguitos y amiguitas. Prometemos haceros esperar, pero ahí estaremos. Y por fin os ofreceremos la tan postergada entrevista con Ataulfo Domínguez, las recetas de belleza de Kaspasia Orterova, campeona mundial de lanzamiento de oveja individual y rebaño, la fórmula secreta de la Eterna Juventud y el manual completo para la fabricación de armas atómicas con tres pilas alcalinas, dos metros de tubo de plomo, seis chicles y un bote de nata montada de McGiver. ¡No olvidéis supervitaminaros y mineralizaros!.
Besitos para todos y todas –tachad lo que no proceda-.
Por: Juan Jesús Amo Ochoa | Números de again | Comentarios (1) | Referencias (0)
Es bueno ver una publicacion asi ya que es interesnte saber de diversos temas y culturas y me parece muy bien que promovamos la filosofia ya que en estos tiempos es un tema de poca importancia para los jovenes.
Hampton Inn & Suites Aurora | 29-06-2009 18:30:15